martes, 21 de mayo de 2013

Implicación...


Buenos días a todos!

Hoy quería hablar sobre un tema el cual siempre me suelen comentar los clientes. Consiste en el trato que hay entre la masajista y la persona que recibe el masaje. Es verdad que se trata de una relación profesional, que al fin y al cabo, es un trabajo.

Pero a mi me agrada trabajar a gusto, y la mejor forma de conseguirlo, es haciendo que el cliente se sienta a gusto y cómodo.

Me han contado muchas historias de lugares en los cueles el trato es frió, en los cuales la masajista no deja de mirar el reloj, haciendo que de forma inconsciente se note esa sensación de malestar y prisa en el ambiente.

De hecho, se tratan de masajes eróticos y relajantes, y con esta forma de trabajar, no se puede conseguir esa relajación.

Yo creo que las prisas en este tipo de masajes hay que dejarlas al entrar por la puerta, hay que olvidarse de todas las cosas negativas y dejarse llevar por la sensualidad y el erotismo. Solo así seremos capaces de apreciar totalmente el masaje o el ritual.

Por lo que, después de tantos comentarios, me hace estar más segura de que lo principal es tener una buena complicidad e implicación, consiguiendo el efecto que buscamos con cada pase, caricia y amasamiento del masaje.

Por cierto, estoy preparando una sorpresa en forma de multimedia, cuando lo termine lo subiré.

También decir que el próximo jueves estaré trabajando hasta las 21 hs.

Un fuerte abrazo a todos!

Lucia.



jueves, 2 de mayo de 2013

Un día sin alas...


Cuando establecemos confianza con lo que haces rutinariamente, perdemos el miedo progresivamente y vamos cogiendo más valentía de forma inconsciente e irrealista.

Mucha gente me comenta de lo peligroso que puede llegar a ser este tipo de trabajo, que nunca sabemos lo que podemos llegar a encontrar, nunca sabemos quien es el que nos espera al otro lado de la puerta.

Hoy ha sido uno de esos días en los que toda la confianza generada en el tiempo que llevo dedicándome a esto se ha evaporado en cuestión de minutos.

Como tenia pensado desde hace tiempo, este puente he decidido trabajar. Así pues esta mañana me he levantado como todos los días, con mi agenda de citas, dispuesta a organizar mi día de trabajo.

De momento tenia una reserva para las 13 horas, un ritual erótico sensitivo de una hora y poco mas. Me gusta este ritual, el conocimiento de nuestros cuerpos, la exploración de la sensualidad.

Así pues, cuando faltaba poco más de 40 minutos para mi cita, me dispongo a prepararme. Parece que no, pero la preparación antes de cada masaje es larga y requiere tiempo. Preparación de la cabina, temperatura, aromas, luz… Y la preparación de mi misma.

Llega mi cita, y junto a ella el momento de dejarse llevar por la sensualidad. Todo transcurre como suele ocurrir en la mayoría de los casos. Me siento segura, marcando mis tiempos y mis límites a cada momento.

Quizás hasta aquí todo fluía solo, el ritual estaba saliendo de tal forma que yo me sentía cómoda.

El momento cambia al comienzo de la terminación, cuando se aproxima el momento del masaje genital y del relax manual.

El cliente, alto y robusto, superando con creces mi forma física, comienza a acariciarme de una forma un poco diferente a como suele suceder en mis rituales. Más que caricias parecían bruscos y fuertes amasamientos.

Por momento cogía mis brazos y piernas y las presionaba con una fuerte intensidad, haciendo que ya se rompiera toda la magia, haciéndome sentir bastante incomoda.

Al hacérselo yo notar, me respondía con firmeza que me tumbara a su lado.

Yo, invadida por un escalofrio y comienzo de un malestar general, me negaba amablemente y seguía realizando el relax manual.

Continuamos de esta forma hasta que me di cuenta de que ya se había consumido considerablemente el tiempo del ritual. Llevaba mucho tiempo con la terminación y no había forma de hacerle eyacular.

Así pues, se lo comento, que el tiempo ya se había acabado y que se dejara llevar para poder llegar a la eyaculacion.

Es en esos momentos cuando me empieza acariciar el cuello, llegando a apretarlo con fuerza en momentos, es ahí donde exactamente yo ya me siento asustada.

Mi cabeza saca su mecanismo de defensa y de forma inconsciente le cometo que me marcho, que se puede duchar y cambiarse. Es aquí cuando me invade el miedo nuevamente al oír su respuesta:

- No, no te vas. -

Con un toque de valor:

-Si, yo me marcho.

Salgo de la cabina, a paso rápido, el que me dejaban las piernas porque no podía dejar de temblar. Sentía mucha incomodidad y sobretodo miedo.

Dejo pasar unos cinco minutos, para relajarme y ver las cosas desde otra perspectiva y con mayor claridad.

Vuelvo a entrar a la cabina, y allí estaba, seguía tumbado, esta vez vestido. Me mira, de forma fría y con total tranquilidad y me comenta que se pone los zapatos y se marcha.

Y es precisamente eso lo que me hace sentir inestable. Yo creo que comento varias veces mis tipos de terminaciones y como son los masajes. Por teléfono, en persona, en este mismo blog, se dice hasta donde esta el limite.

Pero aun así mucha gente quiere mas, una vez terminado el masaje me pide mucho mas de lo que limita mi forma de trabajar, saltándose todo aquello establecido con anterioridad.

Para tener una idea, a modo de comparación, como yo lo veo. Es lo mismo que ir al supermercado a comprar muebles o ir al supermercado a tomar un café.

Lo he comentado en una entrada anterior, cada chica sabe cuales son sus límites y el tipo de servicio que realiza. Un cliente debe acudir a la persona que realice los servicios que busca.

Así también, quiero pedir disculpas a la gente que ha intentado contactar conmigo esta tarde, he tenido el teléfono prácticamente inoperativo. Necesitaba desconectar, aislarme y refugiarme. Así que a todos ellos, si me leen, les pido disculpas.

También agradecer a mi ángel de la guarda por ayudarme en estas situaciones complicadas.